La reciente publicación en TikTok de la Casa Blanca, donde el presidente Donald Trump celebra la baja de los precios de la gasolina con el ritmo pegajoso de “Gasolina” de Daddy Yankee, ha causado una oleada de reacciones. Con más de 7.6 millones de visualizaciones y cerca de 900 mil “me gusta”, el video se presenta como una celebración del cumplimiento de promesas económicas, mientras en el trasfondo se extiende una compleja red de críticas y contradicciones.
Por un lado, Trump, rodeado de imágenes que destacan su administración, parece centrarse en uno de los temas económicos que más le importan a los estadounidenses: el precio de la gasolina.
Sin embargo, este optimismo superficial contrasta drásticamente con la dura realidad que enfrentan miles de migrantes detenidos, quienes sufren no solo por las políticas restrictivas de su gobierno, sino también por el miedo y la incertidumbre que trae consigo la posibilidad de deportación.
Estos hombres, mujeres y niños son frecuentemente tratados como si fueran meros números en un sistema deshumanizante, lo que resalta una falta total de empatía en medio de esta celebración.
Adicionalmente, la administración Trump ha hecho titulares al incautar petróleo venezolano, una acción que ha despertado críticas por las implicaciones éticas y humanitarias involucradas.
Mientras se promete libertad para los venezolanos, las realidades en terreno cuentan una historia diferente: muchos han sido tratados sin respeto ni dignidad, incluso cuando se han hecho promesas de apoyo. La ironía de bailar al ritmo de la gasolina mientras se ignoran las vidas de aquellos que sufren a causa de decisiones políticas resuena fuertemente.
En este contexto, la elección de la canción “Gasolina” no es casual.
Este éxito de música urbana, aunque festivo, evoca también la lucha de las comunidades latinas, que representan una parte vital del tejido social en Estados Unidos. La combinación de una celebración alegre con un mensaje tan pesado y lleno de contraste plantea preguntas sobre las prioridades de la administración.
Mientras Trump se regocija con el ritmo de la música latina, la realidad de millones de migrantes y la crisis con el petróleo de Venezuela continúa sin resolverse, dejando un aire de ironía y desasosiego en este episodio político y social.
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Prensa LOV/Carmen Cecilia Guerra



